jueves, 28 de julio de 2016

Brihuega, tierra de lavanda

Y Malacuera, Yela, Cogollor, Villaviciosa de Tajuña…., que también son tierra de lavanda. No son la Provenza francesa, vale. Todavía falta encontrar esos extensos campos provenzales ondulados y casi interminables. Pero todo llegará. Está claro que los kilómetros y kilómetros de rutas que tienen los franceses no, pero resumir en un pequeño espacio toda esa esencia, sí. 


Yo creo que lo están consiguiendo, habida cuenta del poco tiempo que llevan potenciando este bien. En poco más de cinco años han hecho que la gente conozca la zona y sus campos morados. Y que sea un reclamo no solo para amantes de la fotografía y de la naturaleza. Es mucha la gente que se acerca en el periodo estival a disfrutar de sus atardeceres y de las numerosas actividades que en torno a la lavanda realizan, culminando con el ya famoso Festival de la lavanda de Briguega, a mediados de julio, periodo de máximo esplendor del morado cultivo.


Y, lo mejor de todo, es que, al menos desde Madrid, no tienes que desplazarte cientos y cientos de kilómetros para poder fotografiarlos (o simplemente disfrutar de un buen paseo o de sus atardeceres).  Para llegar hasta la zona, saliendo desde Madrid, tan solo tenemos que tomar la Nacional II y, o bien tomar la salida 73 en Torija, o bien continuar 10 kilómetros más hasta la salida 83, que también nos lleva hasta Brihuega. 


Si tomamos la primera alternativa, deberemos entonces incorporarnos a la CM-2011 durante poco más de 14 kilómetros. Si, por el contrario optamos por desviarnos en la salida 83 de la Nacional II, nuestra ruta será por la CM-2008 durante algo menos de 9 kilómetros.



Cuando estemos llegando a Brihuega, empezaremos a ver los primeros campos morados. Y he ahí el primer problema. ¿Paramos ya? ¿Qué campo es “el campo”? Nada, tranquilidad. Vayamos por partes. Hay diferentes zonas con campos. Yo aquí voy a indicaros las que conozco, las que he visitado.

Comenzaré por la zona principal, la más conocida, extensa, pero también la más concurrida. Independientemente de la ruta que hayáis seguido para llegar a nuestro punto de partida, Brihuega, se llega a una rotonda. Ahí se toma la salida hacia Villaviciosa de Tajuña (CM-9203), carreterilla serpenteante durante sus primeros 1000 o 1500 metros hasta llegar a la carretera CM-2005. Una vez en esta carretera, tan solo es necesario seguir por ella 3 o 4 kilómetos hasta el desvío de Villaviciosa de Tajuña. Podemos dejar el coche en el camino que hay enfrente del mencionado desvío o 100 metros antes de llegar a este, junto a un monolito conmemorativo de la Batalla de Villaviciosa. Los campos están a ambos lados de la carretera, pero los mejores son los de la parte izquierda según vienes desde Brihuega. Otra opción, si quieres andar menos y tu coche te lo permite, es continuar por los caminos que salen entre los campos.  Ahora ya, es cosa tuya encontrar lo que andas buscando: orientación del campo, que haya o no árbolito, ondulaciones del terreno…

Otra zona interesante. Si se sigue por esta carretera hacia el nordeste se entremezclan más campos de lavanda con campos de trigo y de girasoles. Casi al llegar al puente que cruza el trazado del AVE, pasado el desvío de Hontanares, hay unos cuantos campos, a ambos lasdos de la carretera, con bastante pendiente y orientado al este tirando un pelín al sur (buena orientación para nocturnas con vía láctea) pero sin ningún árbol o grupo de árboles que “rellenen” un poco la composición. Quizá para esta opción, unos trescientos metros antes de llegar al mencionado campo, en el lado izquierdo de la carretera, hay unos cuantos campos (tres o cuatro) acotados por árboles que están junto a la carretera.


La otra zona que visité es pasando Malacuera. Para llegar hasta allí, en la rotonda que os he mencionado antes, la que está antes de llegar a Brihuega desde la Nacional II, deberéis tomar la salida que indica “Brihuega 1 km”, la CM-2011. Se atraviesa Brihuega dirección Malacuera, hasta encontrar la carretera GU-925. Una vez en esta carretera y después de atravesar el propio pueblo de Malacuera, a unos cuatro kilómetros y medio o cinco hay en la parte izquierda unos buenos campos de lavanda. Están nada más pasar una (odiosa  y horripilante) antena de comunicaciones. Allí hay un pequeño claro donde podéis dejar el coche. Digamos que son tres grandes campos, con tres orientaciones diferentes. El primero de todos, el que está junto a la antena de comunicaciones que antes mencionaba es espectacular para atardeceres (obviamente para amaneceres desde el otro lado, jeje). A su derecha hay otro campo con una orientación no muy buena (sur tirando un poco para el oeste) pero que tiene buenas ondulaciones y encinas aisadas. Y, por último, el de más al norte, que es el más pequeño de todos, tiene la mejor orientación para la Vía Láctea, Este puro (círculo rojo en la imagen). Con una ligera pendiente y con algún arbolillo mucho más que decente.


Por último, aunque no sean de lavanda, hay unos campos de trigo y de girasoles que encontré en la zona que va desde Masegoso de Tajuña hasta Moranchel, que tienen una pinta estupenda. Si con los campos de lavanda de Brihuega, la gente habla de la Provenza francesa, ¿quién dice que no se puede hablar de la Toscana italiana con estos trigales salpicados con encinas? Vale, de acuerdo, falta una pequeña ermita. Incluso algún grupito de cipreses. ¡¡¡Como somos!!!







sábado, 20 de febrero de 2016

NUEVA YORK · Top of the Rock

Bueno, pues ahí voy con la segunda entrega de localizaciones de Nueva York. Otro clásico: Top of the Rock. Este mirador o conjunto de terrazas está situado en el edificio más alto del complejo Rockefeller Center. Y, como siempre, la eterna duda: ¿Empire State o Top of the Rock? Top of the Rock  ¿Por qué este y no el Empire State? Fácil. Por las vistas. Subir al Empire State es un clásico, pero... ¡¡¡no lo ves si subes a él!!! Es, para mí, el icono de la ciudad, así que fuera donde fuera, se tenía que ver. Así que nos decidimos por el TotR. Además, pues en esto de las localizaciones fotográficas influye tanto la luz, que solo hacía encontrar respuestas evidentes. 



Lo que está claro es que la hora a la que subas, a uno o a otro, tienes que pillar la puesta de sol y más, como fue mi caso, si el cielo está durante todo el día soso, insulso... Esto es, despejado completamente. En invierno, atardece muy pronto y, teniendo en cuenta que esa hora desfasada con respecto al sol que tenemos en España, allí en USA no existe. Estaba claro, a las 4:30 puesta de sol, así que una horita antes ya estábamos entrando en el edificio General Electric, que es el edificio del Rockefeller Center donde se encuentra TotR. Como imaginaba, estaba abarrotado. Bastante cola para acceder pero fluida. Desde que entramos al edificio hasta que estábamos en la cima, quince o veinte minutos.

Al ascensor le cuesta escasos 40 segundos en subir las 70 plantas del edificio. Y es la primera emoción con la que te encuentras. Luces, sonidos, música, imágenes... Muy "americano". Al salir del ascensor, primera terrarza/mirador. ¡¡Sorpresa!! Estaba semivacío. Entonces, ¿donde estaba toda esa gente que abarrotaba la entrada?. Desilusión. Estaban en la azotea más alta, la que tiene el mejor punto de vista y no por la situación, total a esas alturas 10 metros más o menos no importa. El problema es que en la azotea de arriba no hay nada que impida la vista. En las otras dos sí. Unas mamparas de cristal protejen al visitante del vacío. Afortunadamente, estaban bastate limpios y, además, hay espacio entre uno y otro cristal. ¿Cuánto? Pues no mucho. El Nikon 14-24 no cabe, ya os aviso. 


Como también estas terrazas se iban llenando, tras varias tomas por diferentes puntos de la misma, decidí clavar mi bandera en un punto y no moverme de allí bajo ningún concepto. Tenía que morir al palo de tener el mismo encuadre. Eso o intentar otros y quedarme sin nada. Primeras tomas y primeras sonrisas. No solo por tener la tan ansiada foto de la Gran Manzana, sino por el cielo. Como sucedería al día siguiente en el Puente de Brooklyn, la diosa fortuna se apiadó de mí y empezó a colocar nubecitas altas en el cada vez más rojizo cielo neuyorkino. 

 
El sol aún estaba potente y, con respecto a mi situación, a unos 30 grados con respecto a mi posición y el Empire State. Así que decidí empezar a disparar haciendo uso del braketing: tres tomas con un paso de diferencia entre toma y toma. ISO el más bajo posible, es decir, con la D810 a 64. 

Como os he comentado, no había mucho juego en cuanto al encuadre así que, tras unas cuantas con el 14, para ganar focal, decidí arriesgarme y montar el todoterreno patatero que tengo para las fotos "familiares": el Tamron 28-300. Vale, de acuerdo, lo reconozco. Tengo uno, jajajaja. Y, he de decirlo. Me salvó la sesión. Se portó de maravilla. Lógicamente no pasé de 200, pierde muchísima calidad a partir de esa focal, pero a focales entre 70 y 180 se porta a las mil maravillas. Alguna tiré, por eso de la calidad con el 50 fijo de Nikon, pero la mayoría con el Tamron. Además, como he comentado antes, cabía por la separación de los cristales protectores, cosa que el 14 no.

Iba pasando el tiempo y el sol, cada vez más bajo, iba tiñendo más y más el cielo de rojos, naranjas, amarillos y magentas. Un verdadero espectáculo. Pero, yo seguía sin poder moverme de allí. La terraza de arriba estaba a rebosar de gente. Y, por fin el momento mágico, la golden hour ante mí sobre Nueva York. Momento mágico enfatizado por las primeras luces que se iban encendiendo por edificios sin fin de la ciudad.


Conforme iba pasando el tiempo y la luz se hacía más débil, comenzé a echar en falta el trípode. Así que, me tocaba comenzar a subir de ISO y bajar el tiempo de exposición. Segunda sorpresa del Tamron. El estabilizador funciona de coj..., perdón, de narices. 

Con respecto a lo del trípode, os cuento. En principio no se puede llevar trípode. Está prohibido. Según me dijo uno de seguridad que le pregunté, es porque con tanta gente, molestas o incluso puedes provocar que alguien tropieze. Vale, me convenció. Yo había decidido no llevarlo porque sabía que estaba prohibido y pasaba de consignas. Mi sorpresa fue que vi uos cuantos trípodes montados. No eran muchos, tres a lo sumo. Imagino que la gente lo lleva y, si no le dicen nada, lo monta. También en la azotea de arriba existen unos muretes en los que puedes apoyar la cámara para hacer largas expos. Cuando se había puesto el sol y se había difuminado la luz del ocaso la gente comenzó a bajar. Fue cuando aproveché a subir al mirador de arriba e hice unas cuantas tomas desde allí. Alguna, con buen resultado, desde los poyetes de hormigón que os he comentado. Eso sí, con cuidado porque tienes que poner la cámara muy adelante, casi en el borde para que no salga el hormigón.

Tras las típicas tomas con la noche sobre Nueva York, terminé la sesión y dimos por zanjada esta localización. Como en tantas de Nueva York, originales todos sabemos que no vamos a ser, pero son de esas fotos que uno siempre quiere hacer por si mismo. Sueño cumplido.


De nuevo, dar las gracias al maestro Javier de la Torre por sus consejos y paciencia.

sábado, 16 de enero de 2016

NUEVA YORK · Brooklyn Bridge Park

Por fin se cumplió uno de mis sueños fotográficos y pude realizar uno de los viajes que más ganas tenía de hacer. Poder visitar Nueva York.

No entraré a hacer la típica guía o diario del viaje. Ya hay "a patás" y mucho mejores de lo que un servidor pudiera ofrecer.

Sin lugar a dudas, un lugar que, ya sin haber estado todavía allí, me atraía de manera especial era la vista de Manhattan desde al lado del famoso puente de Brooklyn. Pero no a una hora cualquiera. Tenía que conseguir estar allí a la hora mágica del atardecer. 



Así que, previsor que es uno, con ayuda de mi Photopills, intruduje los puntos deseados y la altura del sol que me interesaba. Bueno, tampoco tenía mucho mérito esto. Tan solo hubiera bastado acercarme por allí siguiendo a alguno de los innumerables trípodes que pululaban por las cercanías, jajaja!!!! 

Fácil. A las 4:28 minutos era el ocaso, así que no debía estar allí más tarde de las 3 o 3:30. Con una horita y media antes es suficiente. Eso sí. No las tenía mucho conmigo. El cielo había estado todo el día despejado. Ni una sola nube. Pero había que ir sí o sí.

Ruta fácil. Había estado por la zona de Financial District y el 9/11 Memorial por la mañana, así que llené el buche en un SubWay y me dirigí al metro más cercano. El destino High St. De allí hasta el Brooklyn Bridge Park cinco minutos andando (¡¡qué bien que viene el Google Earth!!). 

Al salir de la boca de metro, mi primera sorpresa. Pequeñas nubes altas habían empezado a inundar, poco a poco, el cielo. ¡¡Bien!! Parece que, por una vez, la suerte podía sonreírme. Mi emoción comenzó a crecer conforme me iba acercando a la orilla del East River. Más y más nubes se iban colocando en la posición ideal. Todavía era pronto y el sol aún dominaba, pero pintaba bien. 

Como he comentado antes, ya había bastante gente colocando sus bártulos fotográficos a lo largo de los lugares más estratégicos esperando la mágica luz del atardecer, pero yo tenía claro mi sitio. Como en otras localizaciones, sabía que no iba a "inventar la rueda", pero no pretendo eso. Me da igual que haya millones de fotos iguales, lo que yo quiero con este tipo de localizaciones, es tener mi foto allí. 

Por fin en mi soñado aposento, planté mi trípode, coloqué la cámara, le enfrasqué el portafiltros, el disparador y el propio filtro. Como aun era pronto, comenzé con el 10 pasos de Hi-Tech. Mi check list: Medición y enfoque en auto; paso a manual; restar 10 pasos de diafragma y modo disparo con espejo levantado. Perfecto, me daba una expo de 30 segundos. Visualización de histograma y vi que aun podía apurar medio paso más. 45 segundos. "Click". Buen resultado. 

Pero, efectivamente, como me había recomendado mi amigo Javier de la Torre, el agua del East River se mueve mucho. Necesitaba más tiempo para "asedarla". Pero más tiempo significaba subir mucho de diafragma. Tanto que no me daba. ¿Solución? La que me dio Javi: "Tira en multiexposición". Venga, primera prueba: Misma exposición que en la prueba de antes pero con una multiexposición de 5 fotos. 45 segundos por cinco fotos me dieron como resultado una única foto de 225 segundos, suficientes para, incluso, conseguir los primeros edificios reflejados en el río.


Fui moviendo mi localización en torno a la orilla, a modo de turno con los compañeros que allí había. Lo típico: con mi parco inglés nos fuimos revelando consejillos, trucos, tú como haces esto... pues yo lo hago así... qué filtros usas... Incluso a uno que calzaba también el 14-24 de Nikon, le recomendé los porta de Lucroit. No los conocía pero dijo que miraría a ver si los enviaban a allí, a New Jersey, que es de donde era él. A ve si tiene suerte, porque me dijo que los de Lee salían mucho más caros incluso allí (B&H incluído!!!).


Poco a poco iba callendo la luz y la magia fue creciendo. Como mi emoción al ver que, por fin, conseguía tener un cielo espectacular. Más incluso de lo que yo había pensado. Tan solo, como ejemplo, decir que, no solo los turistas estábamos sacando fotos y alucinando, sino que muchos de los runners que pasaban, paraban y sacaban su móvil para inmortalizar el momento.

Una vez bien escondido el sol, me dirigí a la zona que hay entre los dos puentes, el de Brooklyn y el de Manhattan. Últimas fotos y ya, pensando en llegar al hotel y visualizar con calma las fotos. Eran ya cerca de las siete y, como vulgarmente se dice, ya estaba todo el pescado vendido.

jueves, 9 de julio de 2015

Luna de Madrid

Llevaba ya un tiempo que quería hacer esta foto. He estado siguiendo el magnífico trabajo de Juan Carlos Cortina y de sus ya famosas lunas con las torres de Madrid. Me faltaba encontrar un sitio donde hacerlo. Que si desde Las Rozas, Aravaca.... Pero yo necesitaba cercanía ya que con mi 200mm no podía alejarme mucho.


Esperando la salida de Selene


Mira que he pasado veces por la M40 por la zona que iba buscando, pero nunca había caído. Entre los túneles del Pardo y la carretera Fuencarral-El Pardo existe una pequeña elevación orientada hacia el complejo de las torres. Estuve buscando por la zona de Montecarmelo o Herrera Oria, pero desde el primero, era imposible debido a que está en una pequeña vaguada e imposibilita ver completas las torres. Desde la Avda. de Herrera Oria, demasiados edificios, árboles, farolas...

Así que, me decidí cruzar la M40 y meterme por la mencionada carretera que lleva desde Montecarmelo hasta El Pardo. Al poco de pasar el siempre lleno restaurante Filandón, siguiendo unos doscientos o trescientos, hay un pequeño desvío a la izquierda (cuidado que hay una curva con poca visibilidad poco más adelante) con un cartel del Parque Regional de la Cuenca del Manzanares. El camino o pista, lógicamente sin asfaltar, está en bastante buen estado (no he ido nunca tras lluvias, así que no puedo informar de como está en esas condiciones). Con un coche normal podéis acceder sin problemas. De todas formas, tampoco es plan de acceder con el coche hasta el punto en concreto. Aprovechad e id andando, ¡¡que es muy sano, jeje!!


Al final conseguimos un buen resultado, a pesar de los mosquitos

Para situarme en el punto exacto, utilicé la aplicación para IOS PhotoPills (9,90 Euros), una completísima app que nos va a permitir encontrar el punto donde debemos situarnos y la fecha y hora para hacer coincidir nuestra situación con el elemento que queremos componer y el sol o la luna (en cualquiera de sus fases) en un punto (azimut) y una elevación en concreto. La app es casi como una Suite, ya que además, nos va a permitir conocer la situación de elementos del cielo (luna, estrellas, constelaciones...); profundidad de campo; tablas de hiperfocales dependiendo del tipo concreto de cámara que usemos y de su longitud focal; crear, importar y exportar localizaciones de otros usuarios... Ya os digo, una herramienta muy completa que deberíais llevar en vuestro móvi (creo que solo está disponible para iPhone). Puede que conozcáis la aplicacion TPE (The Photographer's Ephemeris). Es similar en cuanto a información de luna o de sol, pero esta no permite hacer planificaciones, amén de los extras que trae PhotoPills (hiperfocal, pdc, exposición, realidad aumentada..)

lunes, 15 de junio de 2015

Libro XG de Saal-digital

Hola a todos.

Ya os hablé en el artículo anterior de la sorprendente calidad de los libros de Saal-digital. Así que me propusieron probar el nuevo libro XG, con hojas de 600 gramos por metro cuadrado. 

Elegí para ello el formato que me parecía más interesante, 28 x 28 cm. Aunque podéis conocerlos en su propia página, también disponen de los formatos de 19 x 19 cm, 21 x 28 cm y 28 x 19 cm.


Para empezar, comentar que la calidad en la impresión de las fotografías sigue siendo exactamente igual de buena que en el formato 42 x 28 cm. No varía un ápice. Impresión a doble página con unos colores fieles al orignal. En ambos casos, he elegido el acabado mate. Serán manías de uno, pero no me gusta ver libros impregnados de huellas. Y en este acabado, este fin se consigue perfectamente.




En principio, el formato cuadrado 28 x 28 me gusta mucho. Ni muy pequeño ni muy grande. Es, en mi opinión, el ideal. Aunque desde aquí, aprovecho para pedir a la gente de Saal, la posibilidad de ampliar la oferta de formatos con algún 32 cuadrado o en su lado largo. 

Al sacarlo del paquete de envío, perfectamente protegido, me encuentro con un libro muy agradable en el tacto. En su página, los amigos de Saal lo denominan SoftTouch y lo definen como que "se caracteriza por su tacto suave y aterciopelado". Bueno, me dije, eso habrá que comprobarlo. Y, efectivamente, el acabado de la cubierta es tal cual. No es que tenga "pelillos" como si fuera terciopelo, pero es impresionante la suavidad que tiene y esa sensación que ellos describen, la puedes comprobar al tenerlo en tus manos. Bien, primer punto, el de la tapa, superado.




Lejos de volver a serviros los detalles técnicos de los acabados de las páginas, que, como os he comentado anteriormente, son los mismos que  en el formato del artículo anterior, me centraré en lo que cambia con respecto a aquel. En este caso el grosor de las hojas. 

Detalle del grosor de la hoja

El grosor no resta calidad en el acabado





Ya os he mencionado que son de 600 gramos por metro cuadrado, por lo que podéis imaginar la consistencia que tienen, amén de la diferencia de grosor, que estará en torno al 0.8 o 0.9 mm. Para este formato, perfecto. Si en el formato de 42 cm quizá se echaba en falta un pelín más de gramaje, en este formato es ideal. Transmite, al pasar las hojas, consistencia al manener el plano constantemente la hoja, se encuentre en la posición que se encuentre pero sin llegar a ser una hoja "pesada" o excesivamente gruesa como en otros libros de gran gramaje.

Este grosor de hoja, podía hacer cambiar el acabado en la zona de pegado de las hojas. Pero, como podéis apreciar en las imágenes, el acabado lo sigo viendo muy bien, con una gran calidad. El reportaje del libro ha tardado unos días en realizarse, con lo que, a diferencia del anterior que fue prácticamente un unboxig y el libro estaba "recién horneado". En este caso el libro tiene casi un mes con respecto a su llegada a mis manos, con la consiguiente tralla que ha recibido de abrir, cerrar, pasar páginas, etc,


En definitiva, sigo apostando por esta gente mientras mantengan la calidad en sus acabados y el buen servicio de entrega y atención al cliente. A este respecto, mencionaros que, invité a un amigo a probarlo y cuando le llegó, el acabado no era el deseado. Una gran arruga en el lomo del libro dejaba en evidencia los halagos que había realizado de Saal. En ese momento, invité a mi amigo a ponerse en contacto con el servicio de atención y al momento, el comunicaron que estaban volviendo a realizar el producto y que, obviamente, sin gasto alguno, lo tendría de nuevo en menos de una semana. Dicho y hecho. Al final, por estos detalles, han ganado un cliente más.

miércoles, 29 de abril de 2015

Libro Gran Formato de Saal-Digital

ANTECEDENTES
Desde hace un tiempo, me gusta tener mis fotografías en fotolibros. Creo que es una buena manera de cerrar el círculo que comienza con la toma de la fotografía, sigue con su procesado y que, en muchas ocasiones, se queda ahí, incompleto. Además, es una buena manera de tener organizados nuestros trabajos y de poder mostrarlos.

Por norma general, los programas de maquetación de estos fotolibros, son bastante fáciles de utilizar y los resultados son, en la mayoría de los casos, satisfactorios tomando como referencia la relación calidad/precio.

Hace unos días, a través de Facebook y también de algún fotógrafo de prestigio como Javier de la Torre, David Martín Castán o Jesús M. García, tuve conocimiento de Saal-Digital, empresa alemana proveedora de productos fotográficos. 

En Facebook han desarrollado una campaña más que interesante para adentrarse en el mercado español, llegando incluso a ofrecer la prueba gratuita de uno de sus productos, precisamente el fotolibro. Gran iniciativa que, por lo que he podido leer, ha tenido gran aceptación, evidentemente, como no podía ser de otra manera. También, tras una conversación, siempre provechosa, con Javier de la Torre, me comentó que, aunque llevaba poco tiempo con ellos, los trabajos que le habían entregado, cumplían con creces sus espectativas. Me comentó que había recibido algún metacrilato y algún aluminio. Será cuestión de probarlos por mi parte y transmitiros mis impresiones sobre estos productos.

Acabados, en cuanto a imagen y color de imagen, profesionales

Pero, a lo que vamos: el fotolibro. En estas épocas tan cercanas a las comuniones, este año no he escapado a tan señalado acontecimiento. Mi hija pequeña, Patricia, hace este año la comunión y, como no podía ser de otra manera, he sido yo quien le ha realizado el pertinente reportaje. Lo típico: peinado especial, traje en mano y camino al Parque del Capricho, en Madrid. "Cienes y cienes" de fotos que se quedan en apenas 30 o 40 (¡será que soy muy malo y necesito hacer muchas, jajaja!). A continuación, a buscar una empresa que me ofrezca calidad profesional o casi y que, sin serlo yo, me permita crear mi producto. Desde luego la valoración de Javier me ayudó a probar con Saal-Digital. Al final me decidí por el Gran Formato apaisado, esto es, un libro de 42  x 29 centímetros, lo que viene siendo A3. Además, como opción, lo elegí con la caja-regalo.

APLICACIÓN
(La aplicación probada es la versión para Mac)
Primera sorpresa agradable: la aplicación para la maquetación, creación y pedido del producto. Sinceramente, no he encontrado ningún fallo. Todo lo contrario. Hasta el momento, con otras aplicaciones, siempre había tenido problemas con las imágenes. O bien el visor daba la sensación de pérdida de calidad (en Sanappy, por ejemplo, aunque el resultado sobre papel nada tiene que ver con la aplicación), o resultaba difícil la propia maquetación con las alineaciones, interfaces de textos tediosas... De repente, me encuentro con todo lo contrario, a lo que, además, hay que sumarle la sencillez de la interfaz, tanto a nivel de funcionalidad como de diseño. Como ejemplo la sencillez de las opciones de menú: cargar imágenes, guardar, exportar como PDF (¡qué bien que viene esto!), añadir texto e insertar texto. ¡Ya está! ¡No hay más! ¿Para qué? Es suficiente. 
¿Funcionalmente? Como un tiro. Arrastras la fotografía seleccionada, que puede hacerse directamente desde una carpeta del Finder de IOS (vamos, una carpeta en el Explorer de Windows). Al aparecer en la página del libro, cualquier acción sobre ellas es instantánea: Redimensión, ampliar, reducir, mover o encuadrar. 
Para facilitar las cosas, ofrecen la posibilidad de incluir una cuadrícula configurable para tener control sobre las alineaciones, si no nos vasta con las líneas contextuales que aparecen al mover un elemento y que nos indica cuando está alineado con otro elemento. 
En definitiva, acertadísima aplicación a la que únicamente le pediría poder cerrar sin necesidad de tener cargado un libro en su interfaz gráfica, es decir, que se pueda salir de la aplicación desde la ventana de selección de producto.
Segunda sorpresa: La terminación del producto, el envío y el pago: 3 rápidos pasos que consisten en enviar el libro, introducir los datos de envío y pasarela de pago (Paypal y Visa o MasterCard) y confirmación. El envío se produce a través de DHL, aunque, por lo que he podido ver, esta empresa es la encargada del envío desde Alemania hasta España. Aquí es Correos quien se encarga de llevarlo hasta la dirección de envío. (Sobre el tiempo de envío, en la siguiente sección)
Tercera gran sorpresa agradable: Ausencia de logos o iconos de la empresa. ¡Repito! Ausencia GRATUITA de logos o iconos. Sin más. En cualquiera de los fotolibros no existe ninguno. Tan solo, todo hay que decirlo, un pequeño código en la contraportada de apenas medio centímetro cuadrado el cual hay que buscarlo para encontrarlo.

EL LIBRO EN MIS MANOS
Desde el momento que hice click en el botón de confirmación de pedido hasta recibir el mismo poco más de cuatro días contando el fin de semana que había por el medio, ya que realicé el pedido un viernes. Otro punto más.


El caso es que me encuentro con una caja de cartón de considerables dimensiones. Se intuye que contiene algo bien protegido. Dentro de esta caja, que es en verdad una especie de gran sobre rígido, me encuentro con un protector plástico, similar al que protege las pantallas de TV o los monitores de ordenador dentro de la caja.
Al retirar este envoltorio, todavía no se ve la caja-regalo con el libro en su interior. Varias capas de papel tipo estraza envolviendo la caja. Con cada capa que retiro, más convencido estoy que Saal-Digital cuida estos detalles de presentación. 
Al final voy llegando a mi destino, que no es otro que tener el fotolibro en mis manos. En primer lugar me topo con la caja-regalo. Caja que no es otra cosa que un estuche para albergar el libro. Creo que Saal también debería cambiar este concepto. El producto es un estuche protector, creo yo, identificador con más caché que el de "caja". Se ve muy bien acabado, con brillo y las esquinas, quizá lo que a priori pudiera resultar más delicado, bien rematadas. Así que un acierto haber pedido el "estuche" protector. 
Bueno, por fin el último paso para descubir el libro. Al abrir la caja, veo el libro muy bien protegido con la gomaespuma rígida negra que protege el interior, con una pequeña endidura para poder desprender el libro sin necesidad de doblegar la mencionada gomaespuma.

¡¡El libro!! Tooooda esta parrafada que os habéis tragado para llegar aquí, a la valoración del libro. Pues así, directamente: recomendadísimo!!!! A primera vista el acabado es sencillamente "acabado profesional". He visto libros profesionales o supuestamente profesionales, con una calidad inferior a este. Lo mismo ocurre con lo más importante: la impresión de las imágenes. 

He de reconocer que procesé las imágenes con Photoshop "a pelo", esto es, sin haber cargado el perfil ICC que el propio laboratorio Saal-Digital recomienda. La similitud de los colores en pantalla con los del libro es total. En las imágenes que he utilizado para el próximo libro, el cual recibiré a lo largo de esta semana, sí que he utilizado el perfil ICC correspondiente. Veremos cual puede ser la diferencia, si es que la hay. Por lo tanto, si hablaba de acabado profesional, también puedo opinar lo mismo con respecto a la calidad de las imágenes y, por supuesto, a la calidad de las hojas del libro. Saal-Digital indica que son Fujicolor Crystal y cada una de ellas, de las hojas, consta de dos páginas pegadas.

En definitiva y como valoración en conjunto, me he llevado un buen sabor de boca a un precio muy recomendable. Aplicación cómoda y fluida y acabado de alta calidad, a la altura de otros laboratorios profesionales.

En comparación con otros productos que yo he podido probar está muy por encima de marcas como Fotoprix y Hoffman y un poquito por encima de Snappy, donde hay que decir que en cuanto a acabados y calidad están muy parejos tanto Snappy como Saal pero que, puestos a elegir, me quedaría con Saal por precio (más económico) y, en especial, por la gran ventaja de su aplicación (infinitamente mejor que la de Snappy) y la no inserción de logos o iconos de la empresa fabricante.

Espero haber podido serviros de ayuda si estábais indecisos buscando un buen fotolibro. Cualquier pregunta al respecto, no dudeis en hacérmela llegar.

Os dejo las imágenes del "Unboxing" que he realizado tras recibirlo:

Enpaquetado exterior. Cartón grueso y resistente

Empaquetado exterior. Abertura

Vista del contenido.
Estuche y libro envuelto en plástico protector y papel de estraza

Estuche o Caja Regalo

Vista detalle del Estuche. Acabado de calidad

Abriendo el estuche y accediendo al libro

Detalle de acabado del Estuche

La gomaespuma rígida protege el libro dentro del Estuche

Detalle de acabado del libro

El libro sobre el Estuche e interior del mismo

Esto es lo único que el fabricante introduce en el libro,
un pequeño código de apenas un centímetro

La aplicación de maquetación da total libertad de diseño

Relación de tamaño con un CD. El 42 x 28 es muy grande


 

Para este reportaje se ha utilizado el artículo "Fotolibro 42 X 28 cm de tapa dura más Caja regalo". Este producto ha tenido un coste de 87 euros, incluido cupón de descuento de bienvenida de 15 euros.
Además dar desde aquí las gracias a José Millón, del departamento de Marketing de Saal por ponerme las cosas fáciles!!!!